Cynthia Ozick la llamó nuestra Chéjov y James Wood afirmó que, aunque se decía de muchos, en su caso era cierto. Alice Munro, fallecida a los 92 años en Ontario, nació en 1931. Se casó joven, tuvo cuatro hijas (una de ellas murió poco después de nacer) y aprovechaba los momentos en que sus hijas dormían para escribir.

La falta de tiempo la llevó a la ficción breve. Trabajó en una librería, publicó su primer libro en 1968, se divorció en 1972. Se volvió a casar y regresó a la región de Canadá que se convirtió en su territorio literario. Publicaba cuentos en el New Yorker, que luego reunía en libros.

Aunque tenía numerosos lectores, Alice Munro era también una escritora admirada por otros escritores, como Jonathan Franzen, Ignacio Martínez de Pisón, Margaret Atwood y Antonio Muñoz Molina. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 2013.

A pesar de publicar en un medio influyente y recibir pronto reconocimiento, su obra tenía un aspecto periférico: por su preferencia por el cuento, por ser mujer canadiense y por los temas y personajes que exploraba. Justo antes del Nobel, su obra era muy popular, al punto de que Pedro Almodóvar decidió adaptarla, confirmando su estatus de referencia literaria.

La maestría de Alice Munro

Aunque claramente feminista, Alice Munro ha quedado algo marginada en el contexto del auge del feminismo contemporáneo. Representa un tipo de autor casi extinto, con cuentos largos que se han descrito como novelas en miniatura, llenos de detalles y giros sorprendentes.

Ejemplos notables son «Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio«, sobre una broma cruel; «El oso vino sobre la montaña», sobre un hombre que deja a su esposa en un asilo; y «Antes del cambio», donde una joven descubre que su padre realiza abortos clandestinos. Sus relatos evitan el sentimentalismo y contienen saltos temporales y complejidad narrativa, como en «Yakarta».

Los cuentos de algunos de sus libros, como Escapada y La vista desde Castle Rock, están entrelazados, alternando la historia familiar con relatos de su adolescencia. La situación central es a menudo la de una joven que busca escapar de confinamientos familiares y sociales.

Munro aborda temas de frustración, sexo, paso del tiempo, matrimonios opresivos y divorcios, maternidad y el dolor del distanciamiento de un hijo. Sus personajes, a veces egoístas, toman decisiones que pueden dañar a otros, y su mirada es compasiva pero no indulgente. Su tema principal es la lucha por la libertad, los fracasos y triunfos en la búsqueda de emancipación y las consecuencias de las decisiones tomadas.

Como describió Margaret Atwood, en Alice Munro encontramos una mezcla de escrutinio obsesivo, revelaciones detalladas, exploración de la naturaleza humana y narración de secretos eróticos, celebrando la plenitud y variedad de la vida. Su legado puede servir de inspiración para que los nuevos escritores creen literatura única.